Ya han pasado más de dos décadas desde que los Simpson consiguieron dar un cambio drástico al mundo de la animación. Desde que salió al aire la serie de Matt Groening las sociedades han aprendido que este género es capaz de mostrar más que superhéroes, vaqueros, familias excéntricas o simpáticos animales antropomorfos. ¿Pero acaso es adecuado su uso como herramienta ética, social, política o inclusive, hasta religiosa?
Actualmente muchas personas hablan sobre el mal ejemplo de esta clase de programación, y se suele atribuir que lo ideal sería seguir ejemplos como “los supersónicos”, con un padre que posee un corazón de oro y una familia educada. Y es que no se les quita la razón, todas las comiquitas para niños deberían seguir ese ejemplo, porque hoy en día casi ninguna de las que se encuentran destinadas al público infantil brinda algo a la sociedad. La mejor palabra para describir la mayoría de ellas es estupidez. Los personajes son cada vez más tontos, y aunque la violencia se ha reducido, la idiotez puede resultar más dañina, ya que altera el modo de pensar.
Sin embargo resulta irónico que la mayoría de las series animadas para adultos son sátiras sociales, que mediante el humor negro buscan hacerle una crítica, y por lo tanto aportarle valores parodiando los antivalores. ¿Acaso es necesario recordar que ellas aplican la frase de Frederick Bean Avery (creador de los Looney Toons)?, “En animación puedes hacer cualquier cosa”. Sus argumentos pueden ser absurdos y tratar temas tabús, nada limita a sus guionistas.
Pero la ausencia de actores reales atrae a los niños que por instinto natural, nadie puede negar que no están destinadas para ellos. Ninguna se transmite en horario o canal para ellos. Que la vean o no radica en la actitud de los padres.
Algunas de ellas tienen puntos positivos y negativos, como:
Los Simpson: Sus seguidores elogiaron su humor, tanto negro como blanco (¿o debemos decir “amarillo”?), con el cual abordaron temas comunes en la sociedad norteamericana, como la emigración, la economía, la publicidad, etc.
Muchos de sus episodios pueden ser presenciados por niños, que no los entiendan es otra cosa. Cierto es que no se trata de todos, puesto que el sexo se encuentra presente como un elemento natural, tal y como se trata en la vida diaria. A esto le podemos agregar que por lo general, carece de obscenidades.
Sus temas son muy profundos, y suelen ser tratados desde un enfoque realista y absurdo a la vez. Muchos capítulos producen gracia, pero al mismo tiempo son emotivos, fantasiosos, y en algunas ocasiones difíciles de entender; en otras, el mensaje es claro y directo. Sin embargo, la calidad ha bajado notablemente, probablemente a raíz de la exageración en sus situaciones, sus chistes y su forma de actuar.
Happy tree friends (en español “amigos felices del árbol”): Apenas se mira aquella apariencia tierna que es contrastada con una sangrienta muerte; uno se da cuenta de que esta serie es una eterna ironía y a la vez una ingeniosa crítica hacia la violencia en la programación infantil.
Pero muchos padres se han quejado de que sus hijos (por lo general de 8 años) la acostumbran a ver. En Rusia fueron prohibidos. Y por lo general los padres tienen desagrado por su humor "goro".
Después de diez años siendo transmitida en internet y televisión se ha convertido en una franquicia muy atractiva, y anualmente gana millones en internet y televisión, y a eso se le puede sumar publicidad, mercadotecnia y campañas comerciales.
Es imposible que se le siga considerando una sátira debido a que no ha buscado nuevas formas de hacer humor negro para recordarnos el daño que hacen algunos programas de humor blanco. La serie se ha limitado a situaciones graciosas, irónicas y sangrientas. Y a pesar de que en algunos casos es notorio cierto contenido psicológico, como por ejemplo: en un capítulo nos encontramos con Flippy, un oso veterano de la guerra, esforzándose por acabar con su stress-post traumático, el cual le hace asesinar cruelmente a todos los que se encuentran a su alrededor (al final lo consigue y muere atropellado por un camión). Si realmente busca mostrarnos aquel lado oscuro de la programación para niños, pues es necesario complementar su forma de hacerlo.
Diego Torres
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